Párrafo inicial
El Financial Times informó el 26 de marzo de 2026 que un alto funcionario del Tesoro, Bessent, discutió propuestas para reformular la relación operativa entre la Reserva Federal y el Tesoro de EE. UU. de maneras que reproducen características de la estructura del Banco de Inglaterra (Financial Times, 26 de marzo de 2026). Las conversaciones tuvieron lugar en un contexto de intensa vigilancia política sobre la Fed: las críticas públicas del expresidente Donald Trump se han intensificado desde su campaña de 2024 e incluyeron llamados a un papel más subordinado del banco central. Cualquier recalibración de los vínculos Fed‑Tesoro intersectaría con tres realidades mensurables: el balance de la Fed, que superó los $8 billones en 2024 (Reserva Federal, publicación H.4.1 semanal, 31 de dic. de 2024); la magnitud de la emisión en el mercado de Treasury; y el precedente establecido por el Banco de Inglaterra, cuyo programa de compra de activos alcanzó un pico aproximado de £895.000 millones en 2020–21 (Banco de Inglaterra, marzo de 2021). La revelación del FT cristaliza un debate de política con implicaciones directas para el funcionamiento del mercado, los costes de financiación fiscal y la percepción internacional de la independencia monetaria de EE. UU.
Contexto
El debate sobre la coordinación entre bancos centrales y tesoros ha evolucionado desde la posguerra, con las principales democracias estableciendo distintos modelos de gobernanza. El Banco de Inglaterra opera con una arquitectura que combina la responsabilidad ejecutiva sobre las finanzas públicas con un marco estatutario claro para la política monetaria, incluyendo la relación entre el Tesoro y el Banco de Inglaterra (la Ley del Banco de Inglaterra y estatutos relacionados). En contraste, la independencia de la Reserva Federal se reforzó con la reforma de 1977 a la Ley de la Reserva Federal y prácticas institucionales subsecuentes que han enfatizado la separación operativa de las autoridades fiscales. El informe del FT indica que los funcionarios están revisando estos arreglos en un momento en que las crisis —notablemente las intervenciones de la era COVID— pusieron de manifiesto el cruce práctico entre las acciones en el balance del banco central y los objetivos fiscales (Financial Times, 26 de marzo de 2026).
Las dinámicas políticas importan materialmente. Desde el fin del periodo de tipo de interés cercano a cero de la Reserva Federal en 2022, la tasa de los fondos federales ascendió a un máximo pluridecenal —alcanzando el rango 5,25%–5,50% a mediados de 2023— y ha permanecido como un punto central de controversia en el discurso político (Reserva Federal, declaraciones del FOMC 2022–2024). La crítica pública a la política de tipos por actores políticos afecta las expectativas del mercado: las medidas basadas en encuestas de las expectativas de inflación de largo plazo han experimentado una mayor dispersión desde 2023, y la tasa de breakeven de inflación a 10 años mostró volatilidad elevada en esos episodios (publicaciones de datos de los bancos de la Reserva Federal, 2023–2025). En este contexto, la propuesta de reexaminar la mecánica Fed‑Tesoro no es académica: habla directamente de quién establece las reglas bajo estrés y de cómo los mercados valorarán el riesgo de crédito soberano y la liquidez en el futuro.
Los aspectos legales y operativos son centrales en esta conversación. Las mecánicas en discusión incluirían, según se informó, clarificar mandatos, marcos de contingencia para la acción conjunta y protocolos para facilidades permanentes entre el Tesoro y el banco central (Financial Times, 26 de marzo de 2026). Cada elemento conlleva compensaciones: protocolos conjuntos más claros pueden reducir la disrupción de mercado a corto plazo pero corren el riesgo de diluir la protección que un banco central se ha ganado frente a los ciclos políticos. Por el contrario, una independencia rígida puede constreñir las respuestas coordinadas en crisis y potencialmente elevar los costes de financiación fiscal en episodios agudos. Los precedentes históricos muestran que se han utilizado ambos enfoques: la coordinación Banco de Inglaterra‑Tesoro en el periodo 2008–2021 incluyó mecanismos formales para compras de activos y un mandato estatutario que permitió comunicación; el enfoque estadounidense se apoyó más en mecanismos basados en el mercado y facilidades de rescate con apoyo explícito de capital del Tesoro en periodos de crisis.
Análisis de datos
Tres puntos de datos concretos ayudan a contextualizar el debate. Primero, los activos consolidados de la Reserva Federal aumentaron de manera material mediante programas de emergencia en 2020 y se mantuvieron elevados, superando los $8 billones en 2024 según las publicaciones H.4.1 de la Fed (Reserva Federal, 31 de dic. de 2024). Segundo, el stock de expansión cuantitativa del Banco de Inglaterra alcanzó un pico estimado cercano a £895.000 millones en el periodo 2020–21 a medida que el BoE amplió las compras para estabilizar los mercados (Banco de Inglaterra, marzo de 2021). Tercero, los indicadores basados en el mercado de la liquidez de los Treasury —como los spreads de compra‑venta en el on‑the‑run a 10 años— se ampliaron de forma aguda en episodios de tensión: por ejemplo, en marzo de 2020 el spread en la base entre intermediarios y clientes del 10 años se disparó significativamente respecto a los promedios de 2019 (informes del Tesoro y de microestructura de mercado, 2020–2021). Estos puntos ilustran la desproporción de escala entre la huella de los bancos centrales y los mercados de deuda soberana en las principales economías.
Las comparaciones entre jurisdicciones enmarcan las compensaciones. El tamaño del balance de la Fed, de más de $8 billones, eclipsa el stock de QE del BoE en términos de libra esterlina y refleja el mercado del Tesoro de EE. UU. mucho más grande: el stock nominal de valores del Tesoro negociables superó los $25 billones en 2024 (Tesoro de EE. UU., Estado mensual de la deuda pública, 2024). La proporción relativa de las intervenciones monetarias frente a la deuda soberana en circulación determina cómo la coordinación moldea los rendimientos: cuando un banco central es el comprador marginal dominante, la dinámica de los rendimientos puede distorsionarse; cuando el mercado es el comprador marginal, las primas de liquidez pueden aumentar bruscamente en situaciones de tensión. Las comparaciones interanuales de la emisión del Tesoro y las tenencias de los bancos centrales muestran que 2020–2024 fue atípico, con los bancos centrales convirtiéndose en contrapartes más grandes de los mercados fiscales que en cualquier punto desde la década de 1970.
Las propuestas operativas que reproducen partes del modelo del BoE podrían incluir facilidades permanentes preautorizadas, roles ex ante más claros para el respaldo del Tesoro a crédito de emergencia y canales de comunicación definidos para las estrategias de salida. Cada una de estas propuestas conlleva resultados medibles: menores spreads medios de compra‑venta en
