Párrafo principal
El sistema eléctrico de Cuba ha pasado de la subinversión crónica a un riesgo operativo agudo, ya que las medidas de EEUU que restringen los envíos de combustibles refinados coinciden con reservas domésticas menguantes e infraestructura térmica envejecida. Según reportó Al Jazeera el 25 de marzo de 2026, las llegadas de combustible a puertos cubanos disminuyeron aproximadamente un 58% en 2025 en comparación con el año anterior, un déficit que, según las empresas estatales, se tradujo en cortes programados en la mayoría de las provincias (Al Jazeera, 25 mar 2026). El déficit ha provocado una reducción significativa de la capacidad operativa de las plantas térmicas y la hibernación de unidades de punta; las autoridades cubanas y observadores independientes informan ahora que entre el 35% y el 45% de la capacidad de generación centralizada no está operativa de forma sostenida. Estos hechos tienen consecuencias macroeconómicas inmediatas sobre la producción industrial, la logística comercial y los ingresos en divisas ligados al turismo, por lo que el estrés en el sector eléctrico constituye un riesgo sistémico nacional más que un problema localizado de la compañía eléctrica.
Contexto
El estrés operativo actual en la red eléctrica cubana debe entenderse a través de la interacción entre la política de sanciones, la infraestructura heredada y la dinámica de los proveedores externos. Las acciones de EEUU que han limitado las transferencias marítimas de combustible y han penalizado a proveedores de transporte y seguros intermedios se concretaron en una práctica de bloqueo hacia fines de 2025, reduciendo el universo de proveedores comerciales dispuestos a operar. La flota de generación de Cuba depende en gran medida de combustibles refinados importados para operar plantas térmicas de mitad de siglo; la hidroeléctrica representa una parte menor y no puede flexibilizarse para cubrir déficits de carga base durante escaseces prolongadas. La vulnerabilidad de la red se ve amplificada por la subinversión crónica: la edad media de las plantas supera los 30 años en buena parte de la flota térmica, y la escasez de repuestos ha alargado la duración de las paradas programadas para mantenimiento.
El precedente histórico subraya la fragilidad identificada hoy. Durante la contracción posterior a la disolución soviética a principios de los años 90, Cuba experimentó un déficit estructural de energía que requirió racionamiento; la crisis actual se asemeja a esa época en términos operativos pero difiere en la geopolítica y los mecanismos de mercado. En lugar de la salida unilateral de un proveedor, el episodio 2024–2026 refleja una abstención comercial multilateral impulsada por restricciones regulatorias y de seguros que surgieron tras el endurecimiento de la aplicación por parte de EEUU. Esa distinción importa para inversores y contrapartes porque cambia el conjunto de remedios factibles: la negociación diplomática y las soluciones en el mercado de seguros pueden sustituir parcialmente, pero no completamente, el alivio directo de las sanciones o las transferencias estatales de combustible.
Para los mercados energéticos regionales, la caída cubana en las importaciones de diésel y fuelóleo no es un fenómeno aislado. Los volúmenes de bunker en el Caribe hacia Cuba cayeron de manera material en 2025, y las escalas de petroleros registrados bajo pabellones neutrales disminuyeron en el cuarto trimestre de 2025 frente al cuarto trimestre de 2024 en una estimación cercana al 40% (Al Jazeera, 25 mar 2026). Esta reducción reverbera en los flujos de remesas, los ingresos dependientes del turismo y la financiación del comercio, creando un bucle macro que limita la capacidad del gobierno para financiar importaciones de emergencia.
Análisis de datos
Tres puntos de datos específicos enmarcan el panorama operativo. Primero, Al Jazeera informó el 25 de marzo de 2026 que los volúmenes importados de productos refinados de Cuba cayeron cerca de un 58% en el año calendario 2025 en comparación con 2024, una caída que se tradujo en un agotamiento significativo de existencias a fines de 2025 (Al Jazeera, 25 mar 2026). Segundo, las comunicaciones de las empresas estatales y el reporterismo en terreno indican que entre el 35% y el 45% de la capacidad de generación térmica centralizada estuvo efectivamente fuera de servicio por periodos sostenidos hacia el 1T de 2026, frente a una disponibilidad nominal de la flota de aproximadamente un 85% en 2019 (comunicados de la utility cubana citados por Al Jazeera, 25 mar 2026). Tercero, las ventanas de cortes programados se ampliaron: los periodos de apagones reportados en centros urbanos mayores pasaron de recortes programados de 2–3 horas a mediados de 2024 a apagones episódicos de 6–10 horas en febrero–marzo de 2026 (reportes locales compilados en video de Al Jazeera, 25 mar 2026).
La comparación afina la escala: las llegadas de combustible interanuales cayeron aproximadamente un 58% en 2025 (Al Jazeera), mientras que pares isleños pequeños comparables que dependen de combustibles importados —Jamaica y República Dominicana— registraron cambios porcentuales de un solo dígito en volúmenes de importación en el mismo periodo, reflejando diferentes exposiciones a sanciones secundarias de EEUU y redes de proveedores alternativas. En términos de capacidad, la reducción efectiva del 35%–45% frente a la referencia de 2019 implica pérdidas de producción del orden de varios cientos de megavatios en demanda pico; para un sistema eléctrico con demanda pico previa a la crisis estimada cerca de 2.000 MW, eso representa un impacto efectivo del 17%–23% en la capacidad de suministro en pico.
Cuando las fuentes lo permiten, la triangulación respalda estas magnitudes. Manifiestos de envío y datos AIS (sistema automático de identificación de buques) analizados por firmas comerciales de riesgo marítimo mostraron menos petroleros atendiendo terminales cubanas a fines de 2025 frente a fines de 2024, y las aseguradoras hicieron públicos signos de un escrutinio de cumplimiento creciente desde mediados de 2024. Esos señales de mercado limitaron las soluciones comerciales y empujaron a los planificadores cubanos hacia medidas de contingencia que han incluido racionamiento severo por el lado de la demanda y una asignación limitada de combustible industrial a sectores priorizados como hospitales y tratamiento de agua.
Implicaciones sectoriales
El impacto sectorial inmediato se concentra en la generación eléctrica, pero los efectos posteriores son más amplios. Los paros en plantas térmicas han reducido las horas de operación industrial, con fundiciones de ferroaleaciones, procesadores de alimentos y cámaras frigoríficas reportando interrupciones en la producción; los servicios de apoyo al turismo —aire acondicionado, lavandería y refrigeración— afrontan mayores costos y riesgos reputacionales. Para la gestión de la balanza de pagos soberana, las estancias más cortas de los turistas y el menor gasto por visita mientras los visitantes lidian con apagones reducen los ingresos en divisas justo cuando Cuba necesita moneda dura para adquirir combustible y repuestos.
Desde la perspectiva de proveedores y del mercado de seguros, la crisis cambia la lógica de las contrapartes. Los aseguradores marítimos y los operadores de materias primas valoran poli
